Irán fue durante años uno de los países más ricos de Asia. Su economía era moderna, avanzada y con un PIB per cápita que incluso superaba al de Israel. Además, sus vastas reservas de petróleo y gas lo convirtieron en una de las economías con más potencial. Los astros se habían alineado: un país relativamente avanzado había sido bendecido con grandes reservas de hidrocarburos. Pues 40 años después, Irán es un país que se encuentra prácticamente en bancarrota y que pese a ser rico en energía sufre constantes crisis energéticas. Parecía imposible que una economía tan rica en todos los sentidos acabase tan mal. Nouriel Roubini, economista y profesor en la Universidad de Nueva York explica en un interesante artículo cómo la mala gestión, y no las bombas de Israel, es la que va a terminar derrocando al régimen iraní.
