En el mundo de la economía, los analistas y medios suelen poner el foco en el crecimiento del PIB, el empleo o la deuda pública. Sin duda, estos indicadores son muy relevantes para conocer el estado de una economía y el bienestar de su sociedad. Sin embargo, hay otro indicador que pasa un tanto más desapercibido por su complejidad y que también dice mucho de esta economía. Se trata de la posición acreedora neta o posición de inversión internacional neta de los países (PIIN), es decir, quién financia al resto del mundo y quién necesita financiación del resto del mundo. En este indicador se ha producido un movimiento histórico, por ahora más simbólico que otra cosa, que ha provocado un cambio de ‘reinado’. Japón ha perdido su estatus de principal acreedor externo mundial tras 34 años, superado por Alemania, pese a que sus activos extranjeros netos alcanzaron un máximo histórico en 2024, debido en gran medida a la depreciación del yen, según ha revelado este martes el Ministerio de Finanzas nipón.
